Según el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la cantidad de personas ocupadas en la construcción aumentó un 2,8% durante el último año, mientras que en las actividades inmobiliarias el crecimiento fue aún más notable, alcanzando un impresionante 19,1%. Estos datos contrastan con la tendencia general de disminución del empleo a nivel nacional, que sufrió una reducción del 1,1% entre julio y septiembre de 2026. Este aumento en sectores específicos no logra compensar la caída global en la ocupación, lo que plantea interrogantes sobre la resiliencia de la economía chilena en medio de un panorama laboral desalentador. En total, el país registró un desempleo del 9,8%, el nivel más alto desde el cierre de 2025, evidenciando un desafío significativo para el crecimiento económico.
Las cifras demuestran que más de un millón de personas se encuentran en búsqueda activa de empleo. La tasa de desempleo aumentó 1,3 puntos porcentuales en el último año, reflejando un cambio en la dinámica del mercado laboral chileno, donde se registró una disminución del 1,1% en la cantidad de personas ocupadas. Si bien el crecimiento de la fuerza laboral fue modesto, con un aumento del 0,3%, la cantidad de desocupados alcanzó la alarmante cifra de 1.007.976 personas, lo que representa un aumento del 15,3% en comparación con el año anterior. Este panorama se acentúa también por las disparidades de género: la tasa de desempleo femenina llegó al 10,5%, superando la de los hombres, que se situó en el 9,3%.
Además, los datos revelan una caída significativa en el empleo formal. Los trabajos asalariados formales decrecieron un 2,5%, sumándose a la disminución del 2,8% en el número de empleadores. Mientras tanto, el trabajo por cuenta propia experimentó un crecimiento del 2%, así como también se incrementó el número de trabajadores familiares no remunerados, que subió un 13,8%. Este escenario resalta un cambio en la naturaleza del trabajo en Chile, donde la informalidad laboral sigue siendo preocupante, alcanzando al 26,4% de los ocupados.
Un aspecto que merece atención es la disminución de las horas trabajadas. En promedio, los chilenos trabajaron 36 horas semanales, lo que marca un descenso del 1,1% comparado con el mismo período del año anterior. Los hombres, en promedio, trabajaron 38,1 horas a la semana, mientras que las mujeres solo alcanzaron un promedio de 33,2 horas. Este descenso en la cantidad de horas trabajadas puede asociarse a múltiples factores, incluyendo la recesión en ciertos sectores económicos y la necesidad de adaptarse a un mercado laboral que cambia rápidamente.
Finalmente, la tasa de desempleo ajustada por factores estacionales se estableció en el 9,6%, indicando un ligero aumento respecto al trimestre anterior. Esta cifra sugiere que el desempleo se encuentra en una trayectoria de crecimiento, lo que podría tener repercusiones significativas para las políticas económicas y laborales en el país. En este contexto, la necesidad de implementar estrategias efectivas para la reactivación del empleo y el apoyo a los sectores en crecimiento, como la construcción y las actividades inmobiliarias, se vuelve crucial para la recuperación de la economía chilena.












