En medio de la crisis sanitaria que golpeó al mundo en mayo de 2020, Cristián Rebolledo tomó una decisión que cambiaría su vida: dejar atrás casi 20 años de servicio en Carabineros para emprender un nuevo camino en el mundo de los eventos y la gastronomía. Esta transición, lejos de parecer arriesgada, era el anhelo de toda una vida. Rebolledo confiesa que siempre tuvo la motivación de crear experiencias memorables que trajeran felicidad a las personas, desde una sencilla comida hasta la celebración de un enlace matrimonial. Desde su hogar en El Tabo, comenzó a construir un proyecto empresarial que hoy no solo lo identifica, sino que también emplea a más de 60 personas de la región.
Con el nombre de Puerto Castilla y Playa Castilla Lounge, Cristián Rebolledo dio vida a su primer restaurante y centro de eventos en El Tabo. Pero su ambición no se detuvo ahí; pronto inauguró el Centro de Eventos Hacienda Loreto en Talagante, además de crear una empresa de banquetería y una firma de arriendo de equipamiento para celebraciones, Huracán Arriendos. Este ecosistema empresarial, estructurado alrededor de la producción de eventos, fue construyendo poco a poco, con esfuerzo y dedicación, hasta formalizarse como un sólido negocio en tiempos difíciles.
El camino hacia el éxito, sin embargo, estuvo plagado de desafíos. Enfrentándose a las restricciones impuestas por la pandemia, Rebolledo recuerda que los inicios fueron complicados: “Estuvimos mucho tiempo parados, cerrados, y mis ahorros se evaporaban en mantener el lugar y pagar sueldos”, señala con nostalgia. Para sumar a sus problemas, un robo devastador de 60 millones de pesos casi aboca a la quiebra sus esfuerzos. Pero la disciplina que cultivó en su trayectoria como carabinero fue su motor para seguir adelante, permitiéndole superar los momentos más oscuros.
Rebolledo reconoce que su amor por la gastronomía y los eventos no era algo nuevo. Desde su juventud, trabajaba en celebraciones y encontrando en ese mundo su verdadera pasión, lo que incursionó en la creación de experiencias festivas. Aunque pasó años al servicio de la ley, nunca dejó de lado su interés por los eventos, organizando celebraciones informales durante su tiempo libre. “Es curioso cómo la vida te lleva por caminos inesperados, y en mi caso, esos momentos previos fueron el cimiento de mi carrera actual”, recuerda con afecto.
Al reflexionar sobre la transición de la policía a la planificación de bodas, Rebolledo indica que hay más similitudes de lo que la gente podría imaginar: la presión, el trabajo en equipo y la atención al detalle son fundamentales en ambos mundos. No obstante, su mayor desafío actual reside en la comunicación efectiva dentro de su equipo, el cual ha crecido considerablemente. Cada día, se siente agradecido por la trayectoria que ha recorrido y por haber podido cumplir sus sueños. «He pasado de coordinar operativos policiales a producir celebraciones, y la satisfacción que siento al ver a la gente feliz es incomparable», concluye con una sonrisa.












