Según la nueva versión del Termómetro de Bienestar Financiero elaborada por la fintech Destacame, el deterioro económico ha comenzado a impactar no solo a aquellos que ya se encuentran en mora, sino también a personas que mantenían un reporte comercial positivo. En un contexto alarmante, más de la mitad de los encuestados (53,2%) ha revelado tener deudas atrasadas, un aumento notable respecto al 44,8% de la medición anterior. Este es un claro indicio de que la crisis económica está extendiendo sus tentáculos hacia sectores de la población que históricamente se habían considerado estables y solventes.
El informe del segundo trimestre de 2026 señala que el Índice de Bienestar Financiero (IBF) ha caído drásticamente de 36,5 a 33,5 puntos, permaneciendo en un rango que se considera bajo y crítico. Lo más preocupante es que el grupo con antecedentes de buen manejo financiero fue el más afectado, registrando una disminución de 4,3 puntos en su IBF, pasando de 46,4 a 42,1 puntos. En contraste, aquellos con un mal historial comercial apenas presentaron cambios, lo que sugiere que el malestar financiero comenzó a afectar incluso a quienes estaban al día con sus responsabilidades.
Jorge Marín, country manager de Destacame, subraya que la fragilidad financiera está comenzando a manifestarse entre personas que hasta ahora se habían mantenido en buen pie financiero. De acuerdo con Marín, no se trata solo de hogares en problemas, sino de aquellos que manejaban finanzas ajustadas. Esta situación se vuelve crítica ante el aumento de costos de vida, recortes de ingresos o imprevistos que pueden empujar rápidamente a estas personas hacia la mora. Por esta razón, resulta vital contar con herramientas que faciliten la organización de las deudas y la planificación financiera.
Otro hallazgo preocupante es la falta de un colchón financiero que permita a los individuos enfrentar urgencias. La proporción de encuestados que no cuenta con ahorros suficientes para cubrir al menos un mes de ingresos ha aumentado alarmantemente, afectando a 8 de cada 10 personas. De estos, una significativa proporción indicó que dependería de familiares o recurriría a créditos y tarjetas en caso de una emergencia. Esto demuestra la extrema vulnerabilidad en la que se encuentra gran parte de la población, que no tiene un respaldo sólido para enfrentar imprevistos.
A pesar del impacto negativo en el bienestar emocional de los encuestados —donde un 48,3% reporta estrés o ansiedad por sus deudas— el estudio revela que aún existe esperanza entre la ciudadanía. Un 57,2% de los participantes considera que su situación financiera mejorará en los próximos meses. Sin embargo, las necesidades expresadas son claras: ordenar deudas, aumentar ingresos y acceder a mejores créditos son prioridades para el 49,6%, 33,6% y 26,6% de los encuestados respectivamente. Marín concluye que el desafío radica en evitar que aquellos que están al borde de la exclusión financiera tengan acceso a información y soluciones sostenibles para restablecer su estabilidad económica.












