Un reciente informe del Observatorio para la Familia de la Universidad San Sebastián (USS) ha revelado datos alarmantes sobre la situación de las familias de acogida externa en Chile. El estudio, que abarcó 85 programas de Familias de Acogida Especializada (FAE), identifica la crítica brecha financiera que enfrentan estas familias al señalar que equipar adecuadamente un hogar para el acogimiento puede costar hasta $600.000, mientras que la subvención otorgada por el sistema no supera los $150.000. Esta disparidad resalta la necesidad urgente de un fondo ágil que permita a los hogares cubrir estos costos antes de recibir a un niño, lo cual podría contribuir a mejorar la calidad del acogimiento y brindar un ambiente más seguro y adecuado para los menores.
Los resultados del catastro han puesto de relieve el perfil de las familias que acogen. De las 367 familias identificadas, el 89,5% del cuidado principal recae en mujeres, revelando que son ellas quienes generalmente asumen la responsabilidad de esta labor. Además, el 80,4% de estas familias participan por primera vez en un programa de acogimiento, lo que indica que el sistema está compuesto en gran parte por nuevos cuidadores. Sin embargo, solo el 57,7% cuenta con un empleo remunerado que les permita financiar las necesidades del hogar, lo que plantea interrogantes sobre la viabilidad económica de este modelo de acogida.
La investigación también destaca problemas relacionados con el tiempo que toma el proceso de acogimiento y la colaboración entre las familias de acogida y las de origen. Las demoras judiciales y la falta de contención emocional para los cuidadores han sido mencionadas como barreras significativas. Existen además diferencias destacadas en el apoyo recibido: mientras un 72,2% de estas familias reconoce a su familia como fuente de respaldo, solo un 45,2% menciona recibir apoyo efectivamente del sistema público. Este contexto subraya la importancia de contar con un sistema más robusto y accesible que ofrezca apoyo constante a quienes eligen dedicarse a la acogida.
Los costos asociados al acogimiento no solo se limitan al equipamiento físico del hogar, sino que también incluyen la salud mental de los niños. Expertos han argumentado que es fundamental financiar el seguimiento de las familias una vez finalizado el acogimiento, así como garantizar que la integración del niño en la familia sea un proceso gradual. Con un solo 65,4% de participación de los 130 programas FAE consultados en el catastro, y una cobertura variable según la región, los autores del estudio concluyen que es esencial ampliar la base de programas y mejorar la captación de nuevos cuidadores, que no se limiten solo a los hogares biparentales.
Finalmente, el informe plantea que Chile podría necesitar duplicar la cantidad de familias de acogida externa para poder hacer frente adecuadamente a la situación de los niños menores de cuatro años que viven en residencias. Expertos como Francisco Covarrubias de la Fundación ProAcogida y Sylvia Eyzaguirre de la USS, han coincidido en que el estudio viene a llenar un vacío significativo en la política pública, destacando la necesidad de revisar los criterios de selección y de abrir el abanico de aspirantes a familias de acogida para incluir también hogares monoparentales y otras configuraciones familiares.












