La inteligencia artificial (IA) se encuentra en una fase crucial de su evolución, y como señala Juan Mejía, gerente senior de Ventas de Software para Latinoamérica de Schneider Electric, el foco ahora se desplaza hacia la gestión eficiente, confiable y sostenible de los centros de datos que sustentan esta revolución. Con la proyección de que la demanda mundial de capacidad para centros de datos crecerá entre un 19% y un 22% anual hasta 2030, de acuerdo a datos de McKinsey & Company, es evidente que las inversiones en infraestructura serán fundamentales, con una estimación cercana a los 6,7 billones de dólares en un horizonte de cinco años. Este crecimiento exponencial plantea nuevos desafíos, no solo en la construcción de más centros de datos, sino en el mantenimiento de su eficiencia operativa.
El aumento en las densidades de potencia de las cargas asociadas a la IA conlleva una serie de requerimientos complejos, especialmente en refrigeración y continuidad operativa. A medida que las empresas se enfrentan a la presión de procesar una mayor cantidad de información, se hace imperativo encontrar maneras de hacerlo de manera que se reduzcan tanto los costos como la huella ambiental. Aquí es donde entra en juego el papel del software como elemento clave dentro de la infraestructura de los centros de datos. Hoy en día, el software ya no es simplemente una herramienta de monitoreo; se ha convertido en un componente crítico que permite gestionar de forma inteligente los sistemas eléctricos, de climatización y de tecnología de información.
La integración de información proveniente de diferentes sistemas permite a los operadores no solo conocer el estado de sus instalaciones, sino anticipar fallas potenciales, optimizar el consumo energético y tomar decisiones proactivas antes de que los problemas afecten la operación día a día. Las innovaciones como los gemelos digitales y el mantenimiento predictivo están revolucionando la manera en que se diseñan, operan y mantienen las infraestructuras, fortaleciendo la capacidad de gestión a lo largo de todo su ciclo de vida. De esta forma, se establece una conexión directa entre la tecnología de la información y la operación de recursos físicos, lo cual es esencial para la resiliencia del sistema.
Para Chile, esta transición hacia una gestión más inteligente y eficiente de los centros de datos representa una oportunidad para consolidarse como un referente regional en infraestructura digital. Sin embargo, el liderazgo en este ámbito no dependerá únicamente de recibir inversiones o aumentar la capacidad instalada. Es crucial demostrar que la infraestructura existente puede operar de manera eficiente, resiliente y sostenible, lo cual requiere una combinación de tecnología avanzada, experiencia en gestión y un marco regulatorio adecuado. El futuro de la infraestructura digital chilena se define no solo por su tamaño, sino también por su eficacia en la implementación de soluciones sostenibles.
Por lo tanto, la próxima frontera de la inteligencia artificial y la gestión de datos no se centrará únicamente en el desarrollo de modelos más potentes o en la edificación de centros de datos más grandes. La verdadera ventaja competitiva radicará en cómo se aprovechan y optimizan esas infraestructuras. En este nuevo entorno, aquellos que logren gestionar eficientemente sus recursos y crear un ecosistema operativo sólido podrán liderar el camino hacia un futuro donde la sostenibilidad y la eficiencia sean las palabras clave en el mundo digital.












