Según el estudio más reciente de Deloitte, la Generación Z y los millennials en Chile están experimentando niveles de ansiedad financiera que superan la media global. Este fenómeno se produce en un contexto donde el alto costo de la vida y la incertidumbre laboral son realidades constantes. La investigación revela que el 54% de los millennials y el 41% de la Generación Z vive al día, sin capacidad de ahorro, y un alarmante porcentaje enfrenta dificultades para cubrir sus gastos mensuales. Esta situación resalta la cruda realidad que enfrentan estos jóvenes en el mercado laboral chileno, donde la ansiedad financiera se ha convertido en el principal obstáculo para su bienestar y desempeño en el trabajo.
Claudia Cornejo, socia de Capital Humano en Deloitte Chile, sostiene que la ansiedad financiera afecta negativamente la productividad empresarial. Para muchos jóvenes, la preocupación por el futuro eclipsa su capacidad de disfrutar del presente, creando un ciclo de estrés que impacta directamente en su motivación y rendimiento laboral. En este sentido, el estudio revela que el costo de la vida es la principal preocupación de estos grupos etarios, incluso por encima del desempleo y la salud mental, mostrando la inseguridad que sienten respecto a su estabilidad económica a largo plazo.
A pesar de este panorama negativo, los jóvenes chilenos no están motivados únicamente por el dinero. Según el estudio, el 87% de la Generación Z y el 90% de los millennials considera que el propósito en el trabajo es crucial para su bienestar. Este deseo de un trabajo más significativo se traduce en acciones concretas, como el 54% de estos jóvenes que ha rechazado ofertas laborales por motivos éticos o de sostenibilidad. Este hecho resalta un cambio cultural importante donde las generaciones más jóvenes priorizan el impacto social y ambiental de sus opciones laborales, dejando claro que las preocupaciones económicas no son las únicas que abandonan su motivación.
El informe indica que las organizaciones tienen la oportunidad y la responsabilidad de crear ambientes laborales que respondan a estas necesidades y preocupaciones. Cornejo enfatiza que no se trata solo de aumentar los salarios, sino de diseñar un ecosistema laboral que aborde las raíces del estrés financiero. Esto podría incluir programas de educación financiera, planes de ahorro empresarial y apoyo emocional real, permitiendo que los empleados visualicen un futuro más seguro y estable desde el punto de vista financiero. De esta manera, las empresas no solo ayudan a sus empleados, sino que también fortifican su propia fuerza laboral.
Finalmente, la flexibilidad laboral emerge como un elemento esencial en la administración del bienestar de los jóvenes profesionales. Con un 58% de la Generación Z y un 56% de los millennials identificando las largas jornadas como una fuente clave de estrés, la implementación de modelos de trabajo más adaptativos puede ser la clave para mejorar la salud mental de los colaboradores y, al mismo tiempo, ayudarles a gestionar mejor sus finanzas. En un contexto donde la ansiedad financiera se ha vuelto un problema sistémico, Cornejo concluye afirmando que las empresas que inviertan en la seguridad financiera, profesional y emocional de sus empleados serán las que se posicionen como líderes en el futuro del trabajo.












