Déficit Habitacional Juvenil: ¿Por Qué Aumenta en Chile?

Image

En Chile, el acceso a una vivienda adecuada sigue siendo uno de los desafíos más significativos que enfrentan los jóvenes. Según un estudio de Déficit Cero, se estima que alrededor de 214.920 hogares liderados por personas de entre 18 y 39 años se encuentran actualmente en déficit habitacional. Esta cifra alarmante representa el 44% del total nacional, lo que pone de relieve la gravedad de la crisis habitacional en el país. El estudio, que se basa en datos del Censo 2024 y de la Encuesta Casen 2024, evidencia la necesidad de abordar de manera urgente el problema del déficit habitacional, especialmente entre los hogares jóvenes.

El análisis revela que la mayor concentración de déficit habitacional se presenta en los hogares cuyo jefe tiene entre 25 y 39 años, con 185.175 casos identificados; lo que equivale a un 37,6% del déficit total en el país. Curiosamente, mientras este grupo ha demostrado una disminución notable en el déficit, con 92.677 hogares menos desde 2002, aún representa un porcentaje considerable, cerca del 38%, del total de déficit habitacional. Esto indica que, aunque se están logrando avances, queda mucho por hacer para mejorar la situación de vivienda para esta segmento de la población.

Por otro lado, el grupo más joven, de 18 a 24 años, presenta un déficit habitacional diferente, predominando el allegamiento externo, que afecta a 29.745 hogares, lo que se traduce en una incidencia del 18,3%. Este fenómeno refleja la incapacidad de estos jóvenes para establecer hogares independientes, obligándolos a depender de otras viviendas. A pesar de que el déficit habitacional ha reducido su incidencia general desde el año 2002, se mantiene una preocupante necesidad de mayores soluciones habitacionales para este grupo de edad.

En contraste, los hogares de 25 a 39 años enfrentan el grave problema del hacinamiento no ampliable, con una incidencia del 45%. Esta situación se traduce en la falta de espacios adecuados y la imposibilidad de expandir sus viviendas. La precariedad en la que viven muchos de estos jóvenes y adultos se acentúa a medida que se avanza hacia grupos mayores, donde se observa un crecimiento en las viviendas irrecuperables. Las consecuencias de este déficit no solo impactan en la calidad de vida, sino que también reflejan las dificultades económicas que enfrenta gran parte de la población.

Además, el estudio destaca que los hogares jóvenes en déficit no se limitan a individuos solitarios; una parte significativa son familias biparentales y monoparentales. Un 40% corresponde a hogares biparentales y un 23% a monoparentales, donde predominan las mujeres jefas de hogar con hijos. La situación económica también es preocupante, ya que un 28% de los hogares jóvenes se ubica en el primer quintil de ingresos, mientras que otro 28% pertenece al segundo quintil. Esto subraya la vulnerabilidad de los jóvenes en el mercado laboral y educativo, especialmente aquellos de 18 a 24 años, quienes también enfrentan desafíos adicionales en términos de acceso a la educación media y oportunidades laborales.