En un análisis detallado sobre la importancia del combustible en la economía chilena, Claudia Valdés Muñoz, gerente general de BBSC, enfatiza que no se trata simplemente de un insumo, sino de un verdadero motor que impulsa la actividad productiva del país. El combustible se convierte en la columna vertebral del transporte, el cual es esencial para la circulación de bienes y servicios. Sin una adecuada provisión de combustible, las máquinas quedan inoperativas, lo que repercute directamente en la economía. Al examinar la estructura de costos de las empresas de transporte, se revela que los gastos relacionados con el combustible son comparables a los de la mano de obra, mostrando la importancia crítica que este insumo tiene para el flujo operativo de dichas organizaciones.
Valdés Muñoz destaca que cualquier incremento en el precio del combustible tiene un impacto inmediato en las operaciones de las empresas, aunque este aumento no se refleje de manera instantánea en los precios finales al consumidor. Este desfase, lejos de mitigar el impacto de los costos crecientes, provoca que los ajustes tarifarios, cuando estos finalmente se implementan, se traduzcan en un efecto inflacionario preocupante. Este fenómeno no afecta solo a un sector específico, sino que reverbera a lo largo de toda la economía, exacerbando la situación de las pequeñas y medianas empresas (pymes), quienes se ven atrapadas en un ciclo de costos elevados sin la capacidad de trasladarlos de manera efectiva.
La situación es especialmente crítica para las pymes que dependen directamente del transporte, las cuales ya han estado lidiando con aumentos de costos, incapaces de trasladarlos a sus precios. Valdés Muñoz señala que esta incapacidad ha deteriorado gravemente su flujo de caja. Ante el reciente anuncio del ministro de Hacienda, se hace evidente que muchas empresas enfrentarán la difícil decisión de ajustar otros costos operativos o incrementar precios, lo que podría desencadenar una caída en la demanda. En ciertas circunstancias, algunas de estas empresas podrían verse obligadas a cerrar sus puertas, poniendo en peligro la estabilidad económica de sectores enteros.
A diferencia de las grandes compañías, las pymes no disfrutan de las economías de escala que les permiten acceder a financiamientos favorables para invertir en tecnologías más eficientes, como flotas híbridas o eléctricas. La falta de capacidad para negociar condiciones ventajosas en la compra de insumos, sumado a su dependencia de vehículos tradicionales altamente ineficientes, limita su habilidad para innovar y actualizarse tecnológicamente. Así, el aumento constante en el precio del combustible se convierte en un factor limitante para su crecimiento, poniendo en riesgo su operatividad y sostenibilidad a largo plazo.
La gerente general de BBSC concluye que el alza de los combustibles representa no solo una presión sobre los precios, sino que también amenaza la viabilidad de una parte fundamental del tejido productivo del país. La capacidad de miles de empresas para funcionar adecuadamente se halla en juego, donde los costos operativos que superan su capacidad de absorción pueden ser devastadores. Las pymes, en particular, se erigen como el eslabón más débil en esta cadena económica, y es crucial que se implementen políticas que las respalden y les permitan adaptarse a estos nuevos retos sin comprometer su futuro.












