En un mundo laboral en constante evolución, el Country Manager de Ricoh Chile, Patricio Fernández, destaca la transformación en el diálogo con los clientes en Latinoamérica. Hace unos años, las conversaciones eran simples y predecibles, centradas en la renovación de equipos y la implementación de impresoras. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente. Hoy en día, las empresas requieren soluciones que faciliten la colaboración efectiva independientemente de la ubicación de sus empleados. Este cambio representa un nuevo paradigma, donde el espacio de trabajo ha dejado de ser un simple recinto físico para convertirse en un dinámico ecosistema interconectado de personas, procesos y tecnologías.
La necesidad de productividad en la región es crítica y constituye un desafío estructural importante. Según estudios de McKinsey, si Latinoamérica hubiera seguido el ritmo de crecimiento de economías comparables, su producto interno bruto podría ser 60% más alto. En este marco, la inteligencia artificial aparece como un catalizador esencial. Investigaciones del Foro Económico Mundial y McKinsey subrayan que la IA tiene el potencial de desbloquear significativos incrementos de productividad, siempre y cuando las organizaciones logren avanzar de la experimentación hacia una ejecución más disciplinada y efectiva.
Fernández también subraya que un «Intelligent Workplace» no es simplemente un conjunto de herramientas aisladas, sino un entorno donde la colaboración, la tecnología y la automatización se integran de manera coherente para optimizar los flujos de trabajo. Sin embargo, el panorama en muchas organizaciones latinoamericanas es diferente. Las problemáticas actuales no derivan de una falta de tecnología, sino de su integración deficiente. Espacios de trabajo con tecnología avanzada, como salas de reunión con pantallas de alta definición que no logran conectarse a plataformas eficientes, son solo un ejemplo de la falta de comunicación entre herramientas que deberían facilitar, no obstaculizar, la colaboración.
En el caso de Ricoh, la adquisición de empresas como Videocorp y ValueTech ha permitido la expansión de sus capacidades en áreas clave como la colaboración audiovisual y la automatización documental. Esto refleja un claro movimiento hacia ambientes de trabajo integrados, donde la tecnología, los procesos y las personas coexisten armoniosamente. Desde su posición, Fernández observa cómo en países como Chile, el diseño del ambiente laboral está evolucionando. Al trabajar con empresas en proyectos centrados en la colaboración y automatización, se identifican tres áreas fundamentales para el éxito: gobernanza adecuada del entorno laboral, experiencia del usuario en el uso de la tecnología, y una capacidad de adaptación que permita incorporar innovaciones sin interrumpir el flujo de trabajo.
A medida que el trabajo híbrido y la automatización pasan de ser conceptos teóricos a realidades pragmáticas en las agendas empresariales, Fernández concluye que el futuro del trabajo en Latinoamérica no dependerá solo de las plataformas adoptadas, sino de la capacidad de integración de estas en arquitecturas de trabajo inteligentes. El contraste entre una oficina moderna y un Intelligent Workplace radica en cómo la complejidad se convierte en una ventaja competitiva. La región se enfrenta a la disyuntiva de ser mera consumidora de soluciones globales o de diseñar su propio enfoque laboral. Si se realiza correctamente, el entorno de trabajo inteligente no será un espacio saturado de tecnología visible, sino un contexto donde la tecnología se vuelve casi imperceptible, permitiendo a las personas concentrarse en lo que realmente importa: colaborar, decidir y contribuir al crecimiento sostenible de Latinoamérica.












