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Fin de las tarjetas de coordenadas: el dilema de la inclusión digital

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La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) ha establecido el 1 de agosto de 2026 como la fecha límite para la eliminación generalizada de las tarjetas de coordenadas en el sistema financiero chileno. Esta decisión forma parte de un esfuerzo más amplio por modernizar los procesos de validación bancaria mediante la implementación de nuevos estándares de Autenticación Reforzada de Clientes (ARC). La eliminación de este mecanismo físico busca adaptarse a la evolución digital del sector financiero, promoviendo la adopción de métodos de autenticación más seguros, aunque también plantea el desafío de garantizar que todos los usuarios puedan realizar esta transición de manera efectiva.

La organización de consumidores Conadecus ha expresado serias preocupaciones sobre el impacto que esta medida puede tener en miles de usuarios, particularmente en aquellos que tienen acceso limitado a herramientas digitales. Alertan que la eliminación de las tarjetas de coordenadas podría resultar en una nueva forma de exclusión tecnológica para personas vulnerables, especialmente para los adultos mayores, quienes muchas veces confían en este sistema por su familiaridad y sensación de seguridad. «La digitalización no puede transformarse en una nueva forma de exclusión», advierte Conadecus, enfatizando la importancia de incluir a estos grupos en el sistema financiero.

Las cifras son contundentes. Aproximadamente 830 mil usuarios dependieron exclusivamente de las tarjetas de coordenadas como su método de autenticación durante el último año, de los cuales cerca del 40% son personas mayores de 60 años. Este segmento de la población enfrenta múltiples desafíos para adaptarse a nuevas tecnologías, ya que muchos de ellos no se sienten cómodos utilizando aplicaciones móviles o sistemas de autenticación biométrica. Esta situación resalta la necesidad de un enfoque inclusivo que considere las capacidades y limitaciones de estos grupos demográficos en el proceso de transition hacia un sistema financiero más digitalizado.

Para abordar estas preocupaciones, la normativa establece ciertas excepciones que permiten a grupos vulnerables solicitar la continuación del uso de sus tarjetas de coordenadas. Los beneficiarios de este mecanismo incluirán a adultos mayores, personas con acceso limitado a la tecnología y aquellos que no manejan aplicaciones móviles o sistemas de reconocimiento biométrico. Esta inclusión es crucial para asegurar que nadie quede atrás en la adaptación a nuevas tecnologías, garantizando así la equidad en el acceso a los servicios financieros.

En respuesta a esta transición, entidades financieras como BancoEstado, Banco Santander y Banco de Chile han puesto en marcha campañas para facilitar la migración de sus clientes hacia nuevas tecnologías. Las alternativas ofrecidas incluyen sistemas de reconocimiento facial y biométrico, junto con aplicaciones móviles diseñadas específicamente para facilitar el acceso, como «BE Pass» y «BE Face» en el caso de BancoEstado. A pesar de estos avances, Conadecus insiste en que las instituciones bancarias deben proporcionar soluciones accesibles y un acompañamiento efectivo para asegurar que todas las personas puedan beneficiarse de los nuevos estándares de ciberseguridad sin aumentar la brecha digital existente.