En un entorno económico desafiante, donde el crecimiento es limitado y los costos de financiamiento crecen, la liquidez ha emergido como un factor crítico para las empresas chilenas. El Banco Central ha sido claro en sus informes, destacando que las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las medianas compañías están enfrentando dificultades cada vez mayores para mantener su flujo de caja. Esta situación se agrava por la extensión en los plazos de pago, que a menudo superan los 45 o 60 días, a pesar de la existencia de la Ley de Pago a 30 Días. Este desfase entre las ventas realizadas y la disponibilidad de efectivo ha llevado a muchas empresas a recurrir al factoring como una solución necesaria para su gestión financiera.
El factoring, que transforma cuentas por cobrar en liquidez inmediata, se ha convertido en una herramienta estructural dentro de las finanzas empresariales. Christian Real, CEO de Chita, señala que «el problema no es la falta de actividad, sino la velocidad del dinero». Las empresas, al vender a crédito, terminan financiando a sus clientes generalmente grandes corporaciones, lo que constriñe su capacidad de pago para otras obligaciones. La transformación de $10 millones en ventas a crédito con un plazo de 60 días en flujos de efectivo a través de factoring permite a las pymes cumplir con sus responsabilidades sin esperar meses por el pago.
A diferencia de un crédito bancario tradicional, el factoring no considera la situación financiera de la pyme, sino que se basa en la solvencia del cliente que pagará la factura. Esto implica que las empresas pueden obtener liquidez rápidamente, sin la necesidad de ofrecer garantías adicionales ni asumir otra carga de deuda. Esta agilidad financiera permite a las pymes priorizar su funcionamiento diario, manteniendo su operación estable mientras aguardan el pago de sus cuentas. Además, la modernización de los procesos de factoring está permitiendo tiempos de evaluación de solo cinco minutos y ciclos de giro que promedian una hora, lo que contribuye a desdramatizar la gestión de la caja.
El factoring no solo otorga un alivio financiero, sino que también transforma la dinámica de manejo económico de las pymes. Permitiendo que las empresas administren su liquidez como una variable continua en su planificación financiera, cada vez más negocios comienzan a ver el factoring no como una solución temporal, sino como un componente vital en su estrategia operativa. Christian Real agrega que «cuando la liquidez se vuelve impredecible, las empresas dejan de tomar decisiones productivas»; por lo tanto, el factoring se presenta como un mecanismo que otorga la tranquilidad financiera necesaria para que las empresas sigan adelante.
A medida que los plazos de pago se vuelven más complicados en la cadena productiva, la discusión entre las empresas evoluciona. Ya no se trata solo de implementar estrategias para vender más, sino de encontrar formas de mantener la operación activa mientras se espera el pago de cuentas por cobrar. En este nuevo contexto económico, el factoring se consolida como una herramienta esencial, garantizando la liquidez que las pymes requieren para prosperar y resguardando así la actividad económica en el país.












