Las transferencias electrónicas tienen el potencial de convertirse en una opción competitiva frente a las tarjetas de crédito y débito en los comercios de Chile. Con el impulso del Banco Central, se busca que los pagos mediante transferencias sean más rápidos y sencillos que nunca. Situaciones cotidianas como pagar un café o hacer las compras del supermercado desde el celular podrían transformarse en prácticas habituales, desafiando el predominio actual de las tarjetas. Sin embargo, este horizonte plantea la crucial necesidad de reforzar la seguridad del sistema para evitar el fraude digital, que crece a medida que las transacciones se hacen más rápidas.
El Banco Central de Chile tiene como uno de sus principales objetivos fomentar una interoperabilidad más decidida entre bancos, fintech y comercios, facilitando así que las transferencias se integren al circuito de pagos del día a día. Jorge Oteíza, Gerente de Ventas de Kuvasz Solutions, argumenta que el reto radica en mejorar la experiencia del usuario. A pesar de que Chile cuenta con la infraestructura necesaria para pagos inmediatos, la realidad es que el uso de tarjetas de crédito y débito sigue siendo más intuitivo para muchas personas. Para lograr una adopción masiva, es vital eliminar cualquier fricción en el proceso de pago.
Entre los beneficios de este nuevo modelo de pagos instantáneos, la velocidad destaca como uno de los más significativos. A diferencia de otros métodos de pago que requieren tiempos de validación y liquidación, las transferencias instantáneas permiten que el dinero llegue casi de inmediato. Además, los expertos anticipan el surgimiento de alternativas de pago aún más innovadoras, como códigos QR interoperables y sistemas de identificación por número telefónico o correo electrónico. Este enfoque busca que el usuario disfrute de una experiencia de pago cada vez más fluida y casi invisible, con menos pasos y una confirmación instantánea de la transacción.
Sin embargo, la rápida adopción de pagos instantáneos presenta importantes desafíos, especialmente en términos de seguridad. El aumento de la velocidad en las transacciones puede reducir el tiempo disponible para detectar posibles fraudes o actividades sospechosas. En este contexto, es esencial reforzar los mecanismos de autenticación y monitoreo en tiempo real. Según Oteíza, la evolución de la seguridad debe ser igual de ágil que la experiencia del usuario, lo que implica la incorporación de tecnologías avanzadas como inteligencia artificial y sistemas de monitoreo continuo.
Pese a estas innovaciones, las tarjetas no desaparecerán en el corto plazo. El Banco Central ha aclarado que su intención no es sustituir los métodos de pago tradicionales, sino complementarlos con nuevas alternativas que beneficien tanto a consumidores como a comercios. En este sentido, las tarjetas seguirán jugando un papel clave en el ecosistema de pagos, mientras que las transferencias instantáneas se abren paso como una opción más ágil y competitiva. La discusión sobre cómo facilitar y asegurar los pagos mediante transferencias está planteada, marcando un futuro digital que promete ser integral y accesible.











