La Casa Blanca anunció este domingo que se ha logrado un acuerdo comercial con China tras intensas negociaciones que se llevaron a cabo durante dos días en Ginebra. Esta noticia ha sido recibida con entusiasmo en Pekín, donde funcionarios han elogiado los «importantes primeros pasos» hacia un entendimiento mutuo. La declaración llegó luego de que el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, informara de un “progreso sustancial” durante las conversaciones que buscaban desescalar la confrontación comercial que ha persistido entre ambas naciones, marcada por aranceles extremadamente altos impuestos por la administración anterior de Donald Trump.
Durante una conferencia de prensa posterior al anuncio, He Lifeng, el viceprimer ministro chino, describió las discusiones como “candidas” y aseguró que se había alcanzado un consenso significativo. Las partes esperan emitir un comunicado conjunto el lunes, que detallará los puntos acordados. Esta colaboración puede ser un primer paso crucial para suavizar las tensiones entre las economías más grandes del mundo, que anteriormente habían visto cómo los aranceles se disparaban a niveles que afectaron gravemente a los sectores productivos de ambos países.
Bessent también resaltó la naturaleza productiva de las conversaciones y prometió ofrecer más detalles en los días siguientes. Junto a él, Jamieson Greer, el representante comercial de EE. UU., enfatizó la rapidez con la que se había llegado a un acuerdo, sugiriendo que las diferencias podrían no ser tan insalvables como se habían pensado en un principio. Greer subrayó que, a pesar del déficit comercial de EE. UU. de 1.2 billones de dólares que motivó estas urgentes negociaciones, los avances logrados podrían facilitar la resolución de esta «emergencia nacional» que afecta a la economía estadounidense.
A pesar de la euforia por el acuerdo, algunos analistas son escépticos sobre el futuro de las relaciones comerciales entre EE. UU. y China. Gary Hufbauer, investigador del Instituto Peterson para la Economía Internacional, advirtió que volver a una normalidad plena en las relaciones comerciales es una perspectiva poco realista. Aún con un arancel reducido, el comercio bilateral podría sufrir drásticas caídas, lo que señala que el verdadero impacto de estos acuerdos dependerá de los detalles específicos que aún están por determinarse.
Mientras tanto, la situación del mercado laboral también es un punto de discusión, ya que algunos funcionarios han minimizado los informes sobre la pérdida de empleos en sectores afectados por los aranceles. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, se mostró optimista, afirmando que los aranceles del 10% se mantendrán y tendrán un efecto positivo en la economía en general. Además, se prevé que EE. UU. continúe explorando acuerdos comerciales con otros países, lo que podría alterar aún más el panorama comercial global. Sin embargo, los verdaderos beneficios de estos movimientos aún quedan por verse y dependerán en gran medida de la implementación efectiva de los acuerdos alcanzados.












