Desde la incorporación de tecnología hasta su implementación efectiva en entornos productivos de mayor exigencia, la eficiencia y la continuidad operacional han pasado a ser aspectos cruciales en el sector industrial chileno. La digitalización de los procesos avanza como un factor primordial que redefine la competitividad del país. A diferencia de épocas anteriores, donde la disponibilidad de tecnología era el foco, hoy es la capacidad de las empresas para integrar dichas innovaciones lo que marca la diferencia en un entorno donde los costos son cada vez más restrictivos. Expertos del sector coinciden en que la mera automatización ha dejado de ser suficiente, abriendo camino a una nueva era donde la gestión de datos y la ciberseguridad cobran un papel central, especialmente frente a las crecientes exigencias de productividad y adaptabilidad que enfrentan las compañías en su día a día.
Luciano Marrazzo, director regional del Cono Sur de Rockwell Automation, describe un panorama en el que las empresas deben gestionar simultáneamente un aumento en la productividad y la contención de costos, todo mientras navegan un cambiante paisaje tecnológico. La incorporación de nuevas tecnologías no solo amplía las capacidades de la industria, sino que también demanda una gestión más rigurosa de los costos y un fortalecimiento de los equipos de trabajo. “Las compañías tienen que desarrollar una mayor capacidad de adaptación frente a un contexto que cambia constantemente”, afirma Marrazzo, quien subraya que el avance hacia la denominada Industria 5.0 implica una mayor interacción entre sistemas digitales y personas en el ámbito productivo.
En este marco de evolución industrial, la transición de sistemas automatizados hacia operaciones más autónomas comienza a tomar forma. A diferencia de los modelos tradicionales, que funcionaban bajo instrucciones preestablecidas, las nuevas soluciones permiten un análisis más profundo del comportamiento de los procesos productivos, habilitando ajustes dinámicos basados en objetivos específicos. Marrazzo enfatiza que la Inteligencia Artificial no reemplaza el trabajo humano; más bien, lo complementa al permitir el procesamiento de volúmenes masivos de información, identificando patrones y optimizando la toma de decisiones, lo que resulta en una significativa reducción de tiempos de análisis.
Sin embargo, el creciente volumen de datos generados a partir de sensores y sistemas de control ha hecho que la ciberseguridad se convierta en un pilar esencial para la continuidad operacional. La información que circula entre los diferentes sistemas de una planta industrial es considerada ahora un activo estratégico, esencial para las herramientas de análisis y optimización del desempeño. Marrazzo sostiene que proteger la información es equivalente a proteger la operación misma, ya que los datos son la base fundamental para mejorar la eficiencia y confiabilidad de los procesos productivos en las empresas.
A pesar de contar con las tecnologías necesarias, muchas empresas enfrentan el desafío de implementar estas herramientas de manera efectiva. Según Marrazzo, el verdadero reto no radica en el acceso a la tecnología disponible, sino en cómo integrarla de modo gradual y coherente con la estrategia empresarial a largo plazo. Las organizaciones deben establecer prioridades claras en sus inversiones, ordenar la adopción de las nuevas tecnologías y asegurarse de que respondan adecuadamente a los objetivos del negocio. «El desafío no es tecnológico, sino de gestión y estrategia», concluye el director regional de Rockwell Automation, reafirmando la importancia de una visión sostenible en el tiempo.












