En 2025, la Región Metropolitana de Chile experimentó un notable dinamismo en el mercado inmobiliario, alcanzando la venta de 26,386 viviendas, lo que representa un incremento del 10% en comparación al año anterior. Según el informe de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), este aumento es un indicativo positivo en un sector que había mostrado señales de estancamiento en los últimos años. Sin embargo, a pesar de esta recuperación en las ventas, las cifras aún se sitúan por debajo de los promedios históricos, lo que invita a un análisis más profundo sobre las realidades subyacentes del mercado y la valorización de las propiedades en la región.
El incremento en las ventas de viviendas se considera una de las primeras señales para anticipar la evolución del valor real de las propiedades. En un mercado más activo, es posible discernir los factores que sostienen la demanda de los que son meramente cíclicos. La CChC señala que para el próximo año 2026 se prevé un crecimiento en el valor de las viviendas entre un 3% y un 7%, con un promedio del 5% en zonas con fundamentos urbanos consolidados. Esta expectativa de valorización, aunque alentadora, debe ser considerada con cautela, ya que depende de diversos factores que pueden influir en el mercado a largo plazo.
El análisis de la firma Hogarízate también enfatiza que el aumento de transacciones no solo indica reactivación, sino que brinda información crucial para detectar zonas con potencial de valorización sostenible. Francisco Recabarren, gerente general de Hogarízate, destaca que la conectividad, la disponibilidad de servicios y la planificación urbana son elementos determinantes que pueden hacer la diferencia en el rendimiento de una propiedad. Además, advierte sobre el riesgo de asumir que todas las áreas catalogadas como ‘en crecimiento’ experimentarán un aumento sostenido en su valorización, ya que algunos entornos pueden carecer de infraestructura adecuada y de servicios esenciales.
Otro aspecto relevante en la valorización inmobiliaria es el perfil de los residentes. Los sectores que logran atraer a nuevos grupos demográficos, tales como jóvenes profesionales o familias en busca de mejores condiciones de vida, tienden a experimentar incrementos de valor más estables. Esto contrasta con las áreas donde el crecimiento demográfico es solo numérico, sin un respaldo estructural que sustente dicho crecimiento. Asimismo, la relación entre el precio y el tiempo promedio de venta resulta clave: incrementos de precio acompañados de alargamiento de los plazos de venta pueden ser señales de un posible estancamiento en la plusvalía, a pesar de que los precios publicados sigan en aumento.
Finalmente, las regulaciones urbanas y los planes reguladores son variables cruciales en el comportamiento del mercado inmobiliario. Sectores con restricciones a la construcción futura suelen mantener su plusvalía de manera más eficaz, mientras que áreas con una normativa más flexible pueden enfrentar presiones negativas en el medio plazo. Recabarren concluye que los cambios regulatorios afectan directamente la dinámica de precios y que las zonas con límites claros en su desarrollo tienden a proteger mejor su valor, en contraposición a aquellas que permiten mayores modificaciones en la densidad poblacional.












