El reciente incremento en los precios de los combustibles ha generado no solo un alza en los costos para los transportistas, sino un efecto dominó en diversas áreas de la economía. Con un aumento proyectado de hasta $580 en el diésel y $370 en las bencinas, el sector de la construcción se enfrenta a un desafío significativo. Esto se debe a que muchas de sus operaciones dependen del uso de maquinaria pesada que funciona con combustibles fósiles. La modificación en el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) y el ajuste en el cálculo del precio de paridad de importación abren un nuevo capítulo donde los mayores costos impactan de manera directa en los diferentes eslabones de la cadena productiva.
La construcción, un sector vital para el desarrollo económico del país, es particularmente vulnerable a estos cambios. Según Cristóbal Bascuñán, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) de Magallanes, el combustible es un componente crítico en el costo de las obras. Con el aumento del petróleo, se disparan los gastos en fletes, la operación de equipos y el suministro de materiales. Esto plantea un escenario donde muchas empresas no pueden transferir completamente estas alzas a los consumidores finales, lo que representa un riesgo para su rentabilidad y sostenibilidad operativa.
El efecto de este aumento se intensifica en regiones alejadas, como Magallanes, donde las complejidades logísticas hacen que los costos se disparen aún más. El traslado de personal y la distancia de los centros de abastecimiento son factores que contribuyen a un reajuste en los presupuestos de obra cuya magnitud varía según la localización. A nivel macroeconómico, los expertos advierten que este tipo de shocks acabará teniendo repercusiones inflacionarias, ya que los costos elevados se trasladan a otros sectores de la economía, lo que podría resultar en un aumento generalizado de precios en los próximos meses.
Además, el aumento de precios en los combustibles conlleva un impacto directo sobre la Unidad de Fomento (UF), indicador clave para el mercado inmobiliario en Chile. Con proyecciones que sugieren que la inflación mensual podría superar el 1%, la UF podría elevarse en cerca de $600. Este fenómeno afectaría los costos de los créditos hipotecarios y los arriendos, encareciendo de manera directa el acceso a la vivienda. Felipe Núñez, un contratista independiente, mencionó que sus costos de transporte se han visto aumentados significativamente, generando la necesidad de trasladar estos costos a sus clientes a través de recargos, lo que a su vez impacta en la accesibilidad de proyectos de construcción.
Aparte de los costos directos del transporte, el aumento en los precios del combustible complica aún más la cadena de suministro, provocando retrasos en la entrega de materiales y prolongando los tiempos de ejecución de las obras. Estas demoras no solo generan sobrecostos, sino que también pueden llevar a reprogramaciones que afecten a todos los involucrados en el sector de la construcción. En un contexto donde la inversión en infraestructura es crucial para el desarrollo del país, los desafíos que presenta el alza de combustibles deben ser atendidos con urgencia por las autoridades y los actores del mercado.












