Este año marca un hito significativo en el mercado inmobiliario chileno, ya que la implementación de nuevas exigencias normativas promete transformar la manera en que se diseñan y construyen las viviendas en el país. A partir de ahora, todos los nuevos proyectos habitacionales deberán cumplir con una regulación térmica más rigurosa y obtener una Calificación Energética de Viviendas (CEV) mínima de letra E para poder acceder a los permisos de edificación y recepción final. Esta actualización normativa no sólo busca optimizar el consumo energético de los hogares, sino también mejorar la calidad de vida de los residentes y contribuir a la reducción de la huella de carbono en el sector residencial.
Las especificaciones técnicas se han actualizado considerablemente, elevando los estándares de hermeticidad, control de humedad y aislamiento en distintos elementos de la construcción, como muros, techumbres, ventanas y pisos. Estas medidas tienen como objetivo principal minimizar la pérdida de calor durante el invierno y evitar el sobrecalentamiento en época de calor. Con estas nuevas regulaciones, se espera que las viviendas sean más eficientes y confortables, además de contribuir al desarrollo de un entorno más sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
Con la obligatoriedad de la CEV, que clasifica la eficiencia energética de las viviendas en una escala que va desde G hasta A+, la industria inmobiliaria ha tenido que hacer ajustes significativos en sus procesos. La falta de adaptaciones a estas nuevas exigencias puede resultar en la exclusión de nuevos proyectos del mercado. Cristóbal Torretti, gerente de Desarrollo de Inmobiliaria Altas Cumbres, señala que todos los proyectos nuevos deben cumplir con estos standards para poder obtener los permisos necesarios, lo que traerá consigo un desafío de innovación para los desarrolladores.
Las inmobiliarias que previamente habían optado por certificar sus proyectos con la CEV de manera voluntaria están mejor posicionadas para enfrentar este nuevo escenario. Torretti destaca que aquellas empresas que ya han implementado cambios en diseño, especificaciones y selección de materiales contarán con una ventaja competitiva en el mercado. Adaptarse a estas normativas no solo facilitará la obtención de permisos, sino que también podría resultar en mejores oportunidades comerciales.
El impacto de estas exigencias en los precios de las viviendas es otro tema de gran interés dentro del sector. Aunque la incorporación de estándares constructivos más altos implica una inversión adicional, se espera que esto se traduzca en valor añadido a largo plazo, ya que contribuirá a un menor consumo energético y ofrecerá acceso a financiamiento con criterios más sostenibles. Así, la eficiencia energética que antes podría haber sido un mero atributo opcional se convierte ahora en un requisito esencial en el desarrollo de viviendas en Chile, con implicaciones que podrían redefinir la valorización futura de los inmuebles.












