El panorama geopolítico actual está obligando a redefinir los criterios de inversión en infraestructuras digitales a nivel global, y Chile está aprovechando esta oportunidad. Con el auge de los conflictos internacionales, particularmente en el Medio Oriente, los inversionistas están reconsiderando su enfoque, y la industria de los data centers se encuentra en el centro de este cambio. Según un análisis de Colliers, el país sudamericano posee características estructurales que lo colocan como un destino atractivo para inversiones en este sector. Su estabilidad política, alejada de zonas de conflicto, junto con un creciente ecosistema digital y una sólida base de energías renovables, lo hacen resaltar como un candidato ideal para albergar proyectos de infraestructura crítica.
El consultor de Colliers, Ramiro Valenzuela, profundiza en cómo la situación actual está alterando no solo la ubicación de los proyectos, sino también la manera en que las empresas evalúan el riesgo geopolítico. Las consideraciones de estabilidad regulatoria, la resiliencia de la conectividad y el acceso a energía confiable se han convertido en factores determinantes para la toma de decisiones. Los recientes problemas en la conectividad internacional, como las interrupciones en los cables submarinos del Mar Rojo, han puesto de manifiesto la fragilidad de las rutas digitales que conectan el mundo, lo que está llevando a las empresas a buscar diversificación geográfica y alternativas más seguras.
A pesar de que no se han reportado relocalizaciones directas de operaciones a causa del conflicto, Valenzuela sostiene que hay un movimiento estratégico hacia el fortalecimiento de estructuras en Chile. Con más de 30 proyectos en fases de desarrollo y unos 4.000 millones de dólares comprometidos, el país está emergiendo no solo como un punto de apoyo dentro de Latinoamérica, sino como un lugar que puede complementar las operaciones regionales de gigantes tecnológicos. Entre las empresas que han apostado por este ecosistema se encuentran actores globales como Amazon Web Services, Microsoft y Equinix, lo que potencia la credibilidad del mercado chileno.
Chile cuenta actualmente con 34 data centers operacionales, que suman una capacidad cercana a los 235 megavatios. A medida que la demanda por servicios en la nube y soluciones de inteligencia artificial continúa creciendo, las proyecciones son optimistas: se espera que la necesidad de capacidad se aproxime a los 1.000–1.200 MW para 2030. Valenzuela menciona que, en un escenario conservador, las inversiones podrían oscilar entre 1.000 y 4.500 millones de dólares, lo que cementaría el papel de Chile como un pilar estratégico en la infraestructura digital de la región.
Incorporar a Chile en las estrategias de redundancia y cobertura regional se convierte, entonces, en una jugada astuta para las empresas enfrentadas a un mundo cada vez más incierto. A pesar de no posicionarse como un hub global por sí solo, su rol como nodo estratégico en Latinoamérica es innegable. A medida que los riesgos geopolíticos persisten y las empresas buscan asegurarse contra conflictos futuros, Chile podría bien consolidarse como un refugio atractivo para la inversión en infraestructuras digitales, lo que revolucionaría la economía digital del país y la región en general.











